El entramado de madera, que consiste en combinar una estructura de vigas, pies derechos y arriostramientos de madera con un relleno de otro material, posiblemente haya sido uno de los sistemas constructivos más usados por el ser humano hasta la aparición del hormigón armado y el acero laminado. Su aplicación, en el caso de viviendas modestas, no requería demasiados conocimientos especializados, y la gran resistencia que ofrecía la madera permitía construir edificios con una economía de recursos mucho mayor que con la piedra. El adobe y el tapial también eran duros competidores del entramado en lo que se refiere a costes, pero dependían de la naturaleza del terreno, y por sí mismos, eran incapaces de alcanzar alturas de varios pisos sin una trabazón adicional.
La clave del entramado está en que el armazón de madera es suficiente para soportar las cargas del edificio, pero con la gran ventaja de que los espacios que hay entre los maderos, y que conforman los muros, podían rellenarse con materiales muy baratos: cascote, adobe, mampostería, barrotillo, etc.
A día de hoy, en España sobreviven muchísimos pueblos en los que su casco histórico está formado en su mayor parte por casas de entramado, y en general no suele tratarse de lugares puntuales, sino de comarcas enteras en las que por su orografía y disponibilidad de madera, este tipo de estructura ha conseguido sobrevivir a la irrupción de los materiales industriales. Algunas edificaciones entramadas datan incluso de la Edad Media, manteniendo los materiales originales en numerosos casos.
La configuración del entramado es una de sus mayores singularidades, puesto que esta técnica permitía una gran libertad de diseño gracias a la resistencia y la elasticidad de la madera. Ambas características favorecen el reparto de cargas de una manera bastante homogénea por toda la estructura, y permiten llegar a soluciones verdaderamente ingeniosas. Por otra parte, no hay que ignorar que la estética inherente a la madera y los materiales rústicos posee un irresistible encanto artístico, que tal vez en algunos casos haya sido motivo de falsos “fachadismos” con la intención de conservar un estilo visual creado a propósito sin atender a los problemas constructivos.
Hay expertos que denuncian que el hecho de que los elementos de madera sean visibles constituye una falsedad, puesto que en origen el entramado se revocaba completamente por fuera y no quedaba nada a la vista. Sin embargo, yo personalmente no opino lo mismo, puesto que como es bien sabido, la madera se hincha o se deshincha con los cambios de humedad, lo cual puede hacer saltar el revoco que tiene delante, y el propietario del edificio, seguramente hastiado de tener que revocar cada cierto tiempo decidió un buen día dejar la madera a la vista. Y es ahí donde comienza la versión del entramado que más abunda actualmente, con el armazón visible.
El proceso de desprendimiento del acabado que está sobre la madera se puede apreciar en la siguiente imagen, tomada en Almonacid de Zorita, en la que el entramado comienza a asomar al exterior debido al proceso descrito. También es cierto que la presión turística que soportan determinadas comarcas puede haber acentuado el arreglo de las casas entramadas, de manera que se haya producido una suerte de competición por atraer al visitante a base de belleza compositiva.
Un requisito imprescindible para este tipo edificatorio es la rápida evacuación del agua de lluvia, puesto que no hay nada más dañino para la madera que la permanencia continuada de la humedad. Por eso, en las poblaciones en las que abunda el entramado solemos ver que las plantas superiores vuelan sobre las bajas para permitir que el agua caiga directamente al suelo sin resbalar por el muro. También son frecuentes los grandes aleros o todo tipo de salientes que separan las escorrentías del edificio, pudiendo llegar incluso a tener escamas de madera. Asimismo, es usual que las plantas bajas o sus zócalos sean de piedra, estableciendo así una base inmune a la humedad del terreno.
A continuación destaco tres comarcas en las que abunda el entramado y que he podido visitar. No es una relación exclusiva ni un ranking, por lo que existen muchas otras regiones de interés que todavía no aparecen. No obstante, este post tendrá continuación, por lo que la lista seguirá aumentando próximamente.
LA VERA
La Comarca de la Vera, en Cáceres, es bien conocida por la belleza natural de sus bosques y la suavidad de su clima además de por haber sido escogida por el Emperador Carlos V para pasar allí sus últimos días. El modo de vida agrícola y la accesibilidad a la madera han permitido que los núcleos de gran parte de sus pueblos conserven entramados con varios siglos de antigüedad, y hayan sido declarados Conjunto Histórico-Artístico Nacional. Pulular por las callejuelas veratas es casi una experiencia artística, ya que sus casas son un auténtico muestrario de soluciones carpinteras texturizadas por el paso del tiempo. Valverde, Jaraíz, Garganta la Olla, Cuacos de Yuste, Villanueva, Jarandilla y muchos otros pueblos aguardan espléndidos ejemplares de casas entramadas.
SIERRA DE FRANCIA
Ubicada en la provincia de Salamanca, la Sierra de Francia muestra una fuerte unidad histórico-constructiva que se puede apreciar en los caseríos de casi todos sus pueblos. En algunos de sus rincones se tiene la impresión de estar presente en el medievo, puesto que no hay absolutamente nada a la vista que delate que estemos en el siglo XXI. Aquí las viviendas suelen constar de una planta baja de granito y las superiores de entramado, que en la zona recibe el nombre de tramonera, y está formada por diversos tipos de dependencias, de las cuales la más característica es el sobrao, situado sobre la cocina para que los humos de ésta puedan secar chacinas.
En esta comarca es posible ver cómo el turismo masivo tiene el poder de modificar el patrimonio arquitectónico, puesto que en algún caso se nota que lo que era una manera popular de construir se ha tornado en un estilo compositivo de la fachada. Sin embargo, las estructuras originales son las más numerosas, y los ejemplos más representativos de la Sierra de Francia, declarados Conjuntos Histórico-Artísticos, son La Alberca, Miranda del Castañar, San Martín del Castañar, Mogarraz y Sequeros, pero aun así, cualquier otro municipio de la zona merece una visita sin dudarlo.
MONTAÑA PALENTINA Y VALLES CÁNTABROS
La Cordillera Cantábrica y sus aledaños ofrecen numerosísimos ejemplos de arquitectura vernácula de la mejor factura, y en muchos casos la madera y el entramado tienen un papel protagonista, pero a veces es difícil acotar comarcas precisas que se diferencien claramente de su entorno. Una extensa zona que abarca el encuentro entre Palencia y Cantabria contiene varios núcleos en los que sobreviven extraordinarios entramados. En la zona existen varias comarcas, como pueden ser Valderredible, la Montaña Palentina o Campoo en las que abunda la construcción rural con madera, pero sin llegar a la unidad paisajística que pueda haber por ejemplo en La Vera, puesto que en algún pueblo encontraremos entramado en todas partes (ej: Aguilar de Campoo, Bárcena Mayor) y en otro cercano apenas algunas casas.
En esta zona ya comenzamos a observar como los aleros adquieren gran importancia debido a las habituales lluvias, y la arquitectura va teniendo ese aspecto tan característico de la costa cantábrica (Asturias, Cantabria, Pais Vasco, etc.)







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