Abr 16, 2017
Albanecar

La Cúpula de San Francisco de Lima

Por Alberto Barreto Arce, Arquitecto.

El presente escrito lo redacto a solicitud del Arquitecto Javier de Mingo quien ha tenido la cortesía de invitarme a publicar en Albanécar mi experiencia sobre la reedificación de la Cúpula Mudéjar que cubría la escalera principal del Convento de San Francisco en Lima, Perú.

La Iglesia y Convento de San Francisco de Lima es uno de las más extensas e importantes edificaciones religiosas del legado cultural español en nuestras tierras. Se ubicó a dos cuadras de la Plaza Mayor de la Ciudad de Lima, por constituir la segunda orden religiosa en hacerse presente en nuestro país. La primera fue la de Santo Domingo que se instaló a una cuadra, posteriormente fueron los mercedarios a tres cuadras y así sucesivamente con las restantes órdenes religiosas de sacerdotes y monjas.

El Convento de San Francisco comenzó su edificación en la segunda mitad del S. XVI con continuos avances y retrocesos producidos por los sismos que los españoles conocían poco y que con el correr del tiempo y con las experiencias tenidas se vieron obligados a efectuar cambios en sus sistemas constructivos que lentamente produjeron una completa evolución en los métodos de edificación.

Vista general de la Cúpula sobre la escalera. Foto www.archi.pe

La Cúpula Mudéjar fue construida sobre el espacio de la Escalera Principal, escalera que estaba desarrollada en cuatro partes, un tramo de escalera central que se iniciaba en el medio en el primer piso, un descanso muy ancho que tomaba un extremo del cuadrado y finalmente dos tramos paralelos de escalera por las que se accedía al segundo piso. Se construyó la Cúpula en 1625 y se mantuvo erigida hasta que en 1725 un fuerte sismo la destruyó. Posteriormente la Cúpula fue reedificada quedando en pie hasta el sismo de 1940 en que nuevamente cayó por tierra totalmente destruida, tanto por acción del sismo como por la corrosión de los xilófagos.

Este último sismo fue extraordinariamente destructivo. Recuerdo haber ingresado a la ciudad de Lima en el tranvía después del sismo y me impresionó la cantidad de escombros que cubrían las calles, era casi imposible transitar por ellas, solamente había espacio para el paso del tranvía. En estas circunstancias, según refirieron ancianos sacerdotes Franciscanos, los restos de la cúpula derribada fueron guardados en un depósito por algunos años hasta que por necesitar espacio disponible estos restos fueron arrojados a la basura y de la Cúpula quedaron solo las cuatro pechinas construidas extemporáneamente con un diseño ajeno a la calidad de la cúpula original, quedaron después del sismo un círculo grande por el que se veía el cielo, y un anillo de concreto armado vaciado con posterioridad sobre las cuatro paredes de la caja de la escalera. No existe información clara sobre la existencia de este anillo de concreto, unos dicen que fue construido aproximadamente en el año de 1970 por Pro Desocupados, una entidad del Estado que por esos tiempos se dedicaba a hacer obras de edificación civil de diversa índole, otras voces dicen que fue construido por los mismos sacerdotes franciscanos.

Encuentro entre una pechina y la cúpula. Foto Alberto Barreto.

Lo cierto es que las autoridades del Convento se acercaron al Consejo Nacional de Monumentos que yo dirigía y manifestaron que deseaban proteger a la escalera principal de las inclemencias del tiempo, ya que se encontraba al aire, expuesta al sol y la lluvia. Querían cubrirla con una losa plana de concreto armado. Yo era el encargado del Patrimonio Monumental del País y me encontré con este serio problema, y los sacerdotes nos dieron un mes de plazo para que respondiéramos.

Bueno, por el año 73, en el Consejo de Monumentos éramos un contador, su secretaria, mi secretaria, mi dibujante, un chofer, un empleado de limpieza y yo para cuidar todo el Patrimonio Monumental del Perú. En la oficina no sabíamos nada profundo sobre el arte mudéjar, busqué información y conseguí una fotografía de un pequeño sector de la cúpula, foto tomada un par de años antes de que se cayera. Recurrí a bibliotecas y archivos privados sin encontrar nada. Era 1973, no teníamos Internet. Lo único que tenía era la foto que mostraba que el entrecruzado de las cerchas definía  estrellas  de  10  puntas  que  se  presentaban  organizadamente.  Me costó mucho trabajo pasar de la foto a planos de desarrollo esférico pero poco a poco lo fui consiguiendo, llegando a descubrir el método de diseño producido por su creador de quien hasta ahora no se tiene referencias y para quien tengo un gran respeto y enorme admiración. De ahí, pasar a planos de obra fue fácil, así que abrí una licitación para constructores. Se presentaron 3 postores, se les proveyó del paquete de documentos y el día que debía de entregarse propuestas uno de ellos llamó por teléfono para decir que no podía presentarse porque era muy difícil, los otros dos se presentaron para decir igualmente que habían comprendido perfectamente los planos y por consiguiente la obra que se debía ejecutar, pero que no podían hacer el trabajo porque era muy difícil. Primero me quedé perplejo dándome cuenta que estábamos sin poder iniciar el trabajo, así que tomé la decisión de ejecutar la obra yo.

La cúpula en construcción. Foto Alberto Barreto.

Conocía a Juan de Dios Muñoz, un buen carpintero maestro de obra a quien llamé para preguntarle si podía hacer el trabajo. Le expliqué detalladamente todo lo que había que hacer. A los dos días me respondió que sí podía hacerlo tan solo si yo dirigía diariamente la obra. Empezamos con muchos tropiezos iniciales, en especial porque yo nunca había trabajado geometría esférica, pero fuimos avanzando poco a poco. Juan de Dios comenzó un poco lento y sin mucha convicción pero al poco tiempo ya estaba muy seguro de lo que hacía y me comprendía perfectamente. Terminamos la obra y quedó a la vista la Cúpula con su esplendoroso rosario de multitud de estrellas de diez puntas. Nunca nadie me felicitó ni me dio las gracias, ni los sacerdotes ni mis colegas especialistas en Restauración hasta el día de hoy.

Entrecruzado de cerchas. Las que no transmitían carga eran huecas. Foto Alberto Barreto.

Desde el comienzo de mi actividad profesional tuve en cuenta que un arquitecto restaurador es principal y fundamentalmente un ingeniero estructural con conocimientos de arquitectura antigua y un cuidadoso y respetuoso manejador de los valores culturales. Este rígido y a la vez plástico concepto  me  ha  acompañado  siempre  con  éxito  en  todos  mis  trabajos durante más de 58 años de vida profesional. En la Universidad Nacional de Ingeniería, la única en mi época de estudiante, me impartieron no solo formación de Arquitecto, sino también de Ingeniero Estructural, Ingeniero Electricista e Ingeniero Sanitario. Nos dieron toda la gama de especialidades que intervenían en una edificación para que comprendiéramos de manera global los diferentes pensamientos de cada especialidad al desarrollar un proyecto. Con este haz de conocimientos yo desarrollaba Arquitectura, hacía diseños y cálculos de concreto armado, ponía redes eléctricas y redes sanitarias de acuerdo con las normas existentes en esa época. Fue una época muy especial que ahora es imposible que se repita debido a que se ha establecido legalmente los ámbitos profesionales, es decir que cada profesional de la construcción produce sólo proyectos de su especialidad, pero me ha servido siempre para comprender y a veces objetar los proyectos de las diferentes especialidades.

Las principales cerchas de transmisión de carga. Foto Alberto Barreto.

Volviendo al tema, en esta obra había las siguientes alternativas: 1.- No hacer nada (significaba poner una losa plana de concreto armado), 2.- Poner una cúpula  rasa  (sería  casi  una  caricatura  de  la  original),  3.-  Reproducir  por tercera vez la antigua cúpula que ya había sido hecha dos veces. Opté por esta última solución sin llevar a la completa reproducción del original que poseía unos bellísimos mocárabes en el centro de cada estrella y un extraordinario juego de lacerío mudéjar conformado por cintas de madera con doble ranura aplicadas sobre el borde inferior de las cerchas. En la foto se veía un conjunto plástico de gran profundidad. Años después me arrepentí de no haber continuado con el completamiento agregando los mocárabes y el lacerío.

Finalización del entablado. Foto Alberto Barreto.

Cuando descubrí cómo se hacía el diseño del ordenado entrelazado de cerchas, pasé al diseño estructural del conjunto. Establecí, por su recorrido dentro de semiesfera, cuáles de las cerchas se iban a encargar de transmitir al apoyo el peso de todo el conjunto hacia la base. A estas cerchas ensamblé cuidadosamente y sin que se percibiera las restantes cerchas fragmentadas obedeciendo al diseño de entrecruzamiento para formar las estrellas de 10 puntas.  Todo este conjunto de cerchas carece de pernos y tornillos, funciona estructuralmente solo con ensambles y pegamento.

Detalle del armado de las cerchas. Foto Alberto Barreto.

Cada cercha está formada por cinco hojas de madera de cedro adosadas y encoladas una al costado de otra traslapando las uniones a lo largo del recorrido de la cercha de tal manera que en el peor de los casos la transmisión de esfuerzos recaería sobre cuatro quintas partes de la sección transversal de la madera, es decir, se perdería muy poca resistividad protegiendo la eficiencia estructural del conjunto. Terminado el entrelazado de cerchas se aplicó un entablado de madera sobre ellas que cubrió toda la cúpula y sobre él apliqué una torta de barro para proteger al conjunto del agua de lluvia.

El anillo de hormigón, las cerchas y el entablado. Foto Alberto Barreto.

Como referí al comienzo, encontré un tremendo anillo de concreto armado sobre las cuatro paredes de la escalera. Tenía que demolerlo o usarlo. Demolerlo iba a ser algo espantoso por el trabajo que había que desenvolver, y por el entrecruzamiento con los turistas. Así que decidí dejarlo para edificar sobre él. Desafortunadamente tuve que recurrir a unas uñas de acero empernadas en las partes inferiores de las cerchas que se sujetaban en la viga de concreto. Es lo único anómalo que tuve que hacer porque no encontré otra solución. Felizmente este anillo de concreto armado lo he escamoteado haciéndolo poco visible.

Cúpula terminada mostrando las estrellas de 10 puntas. Foto Alberto Barreto.

Las actividades del Consejo de Monumentos (que ya no existe, ahora es el Ministerio de Cultura) se desarrollaban sin el control Municipal, solo había que informarles que estábamos iniciando tal y cual obra. En este caso llegaron dos ingenieros de la Municipalidad y me preguntaron sobre los cálculos estructurales que un ingeniero estructural debía de haber hecho para ejecutar la obra. Les informé que no había tal, que no era necesario y pasé a detallar las características de la estructura. No entendieron nada, creo que porque no había concreto armado en el conjunto edificado. Me preguntaron cómo estaba cubierta la cúpula y les dije que con un entablado y torta de barro. Me contestaron que tenía que poner una cúpula de concreto armado encima para soportar la cúpula  ¿Cómo es que una cúpula de concreto armado iba a soportar algo que estaba debajo? No supieron responderme y me dieron el plazo de un mes, si no, venían las cuadrillas de la Municipalidad a demoler la Cúpula. Entonces retiré la torta de barro, coloqué una malla de acero y vacié concreto para formar una cúpula de concreto sobre la cúpula de madera, algo realmente ridículo. Al mes se presentaron los ingenieros, vieron la cúpula de concreto armado y se retiraron conformes. Después apliqué encima la torta de barro para la protección de las garúas limeñas.

Detalle del centro de la cúpula. Foto www.ulrichprinz.de

Alberto Arce Barreto (Trujillo-Perú, 1934) es Arquitecto y ha ocupado las máximas responsabilidades públicas de conservación y restauración del Patrimonio Arquitectónico en el Perú, desarrollando su carrera profesionalen este ámbito y en el del urbanismo. Ha sido catedrático de varios talleres y asignaturas de restauración en diversas universidades, miembro de numerosas comisiones, y en general autor y colaborador de infinidad de proyectos. En cuanto a la Carpintería de Armar, es posiblemente el primer y único arquitecto que se enfrentó a la reconstrucción volumétrica de una cúpula de diez lefe desaparecida, cuando todavía no se había realizado estudio alguno sobre el tema (1973). Lamentablemente todo su archivo desapareció del Ministerio de Cultura y hoy en día la propia cúpula es el único documento que queda como reproducción de la original.

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