La Forêt de Notre Dame

Tras ocho siglos protegiendo la catedral de París, la Forêt, aquella enorme estructura levantada con la madera de un millar de robles que daba forma a su cubierta, comenzó a arder en la tarde del lunes 15 de abril de 2019, desapareciendo en su práctica totalidad de forma estrepitosa, y llevándose por delante la aguja del siglo XIX. Sin embargo, aunque se temió por los muros de fábrica y las bóvedas, pudieron resistir el envite con daños relativamente reparables. Si bien es cierto que la caída de la aguja fue lo más traumático de la catástrofe debido a su imagen simbólica, desde mi punto de vista fue mucho más grave la desaparición de la armadura construida en tres etapas diferentes: una primigénea en 1160 cuya madera fue reutilizada, la del coro en 1220, y la de la nave en torno a 1230. Las trazas de la cubierta probablemente fueron diseñadas en tiempos de Jean de Chelles y su nivel de desarrollo fue asombroso, puesto que usaron toda la tecnología a su alcance y aún tuvieron que innovar en muchas soluciones técnicas, lo que nos da una idea de la maestría de los carpinteros de entonces. Sus avanzadas ideas acompañaron al gótico en su expansión por toda la Ille de France, de las cuales se conservan numerosos ejemplares, y no en vano han llegado hasta nuestros días cubiertas incluso del siglo XI. ¿Podría ser el gótico un invento influenciado por carpinteros? Esa es otra historia de la que escribiré alguna vez.

Afortunadamente, al ser uno de los monumentos más importantes de Francia, Notre Dame estaba muy documentada, y la Forêt fue objeto de diversas mediciones y levantamientos gráficos. Tanto Viollet le Duc, a lo largo de su restauración de la catedral, como Henri Deneux, en su labor de arquitecto jefe de monumentos históricos, hicieron planos y maquetas de las armaduras. Ya en nuestro siglo, hace pocos años se efectuó un detallado levantamiento por parte de dos arquitectos del patrimonio como ejercicio de sus diplomaturas: Rémi Fromont y Cédric Trentesaux. Asimismo, por fortuna, en 2014 la empresa AGP realizó un exhaustivo y altruista escaneo láser de las armaduras (ver vídeo superior), cuando en realidad su encargo era retratar algunos arbotantes. Así pues, en este artículo con las debidas referencias, incluyo sobre todo fotos y dibujos de otros autores, ya que representar fielmente una armadura tan compleja me llevaría semanas o meses. Añado los términos originales de carpintería en francés, debido a su interés para la investigación y de cara a posibles errores de interpretación.

Como ya comenté en alguna ocasión anterior, muchas edificaciones del centro y norte de Europa poseen techumbres de grandes inclinaciones que en tiempos se medían mediante la fracción entre la altura alcanzada y la luz salvada, las cuales en Notre Dame parecen obedecer a la relación 2/3, equivalente a un ángulo de 53,13º. Teniendo en cuenta que la anchura de la nave es de 40 pies drusianos (13,3 metros), y que los muros suman 2,5 pies a cada lado (45 en total, que son los que cubre la armadura), ello implicaría que el alto de la techumbre tendría 30 pies (10 metros). Eso, a lo largo de la nave y el transepto, es indicativo de la inmensidad de la estructura de madera y de por qué recibió el sobrenombre de “el Bosque”. Todos estos valores numéricos hay que tomarlos en cuenta con las debidas reservas (ver nota 1 al final del artículo).

La madera de la cubierta de obtuvo de bosques de robles relativamente cercanos a París, y se escogieron árboles de unos 60 años, con troncos delgados y alargados, que se escuadraron con hacha. La sección transversal se corresponde con un tipo de armadura que se desarrolló durante el gótico francés del siglo XIII, denominado chevrons-formant-fermes (pares formando cerchas) en el cual, cada determinado número de pares (chevrons), se colocaba una cercha principal (ferme principale).

En el presente caso, esa cercha principal está formada por dos juegos de pares: uno exterior que soporta la cobertura y uno interior menos inclinado, que junto al poinçon (pendolón) forman un arbalétrier (ballesta), por su parecido funcional con el arma que le da nombre. Los pares internos están comprimidos por el pendolón, que tira hacia abajo, al ser el responsable principal de soportar la flecha del imprescindible entrait (tirante), de nada menos que 14 metros, y de los entraits retroussés (nudillos). Además, en sentido longitudinal, el sous-faîtage, un sistema de pilares jabalconados con carreras que discurren bajo los nudillos, tiene la misión de repartir la flecha de los elementos horizontales cargando en esta ocasión sobre los pares exteriores. 

Por otra parte, había cuatro cerchas secundarias por cada principal, que únicamente poseían pares exteriores y nudillos, con la función de dar soporte a la cobertura y transmitir cargas. Al carecer de tirante, ejercían empujes horizontales sobre los muros que sólo los tirantes de las cerchas principales podían contrarrestar, si bien en el caso de Notre Dame, los contrafuertes de los muros, pensados para soportar el empuje de las bóvedas sexpartitas de la nave, también suponían suficiente garantía, por lo menos para evitar un desastre general.

El concepto de cercha prefabricada abundó a partir del siglo XII en Europa, puesto que permitía su eficaz montaje en el suelo, y un izado que inevitablemente tenía que ser con grúa, debido al peso y tamaño de cada cercha. Una vez colocadas en su lugar, por lo general a una distancia de unos dos pies unas de otras, se procedía al acodalamiento longitudinal mediante el sous-faîtage. Aunque el esquema descrito fue aplicado a la generalidad de la cubierta, existían determinadas diferencias entre las zonas del presbiterio, transepto y nave principal, que muy probablemente se debieran a fases constructivas distintas. Por otra parte, en determinados puntos como el ábside, se producían encuentros de gran dificultad técnica que complicaban aún más el diseño de las cerchas. 

Sin duda alguna, la armadura de Notre Dame formaba un sistema muy complejo, cuyo planteamiento y ejecución denotaban que quien lo hizo tenía una capacidad y experiencia inmensas y nos obliga a considerar esta cubierta como una obra maestra de la carpintería gótica francesa. Por otra parte, a pesar de las ideas popularizadas acerca del tiempo que se tardaba en construir una catedral, en cuanto a la cubierta, las cosas eran mucho más rápidas de lo que hoy nos imaginamos: el millar de cerchas de la catedral de Bourges (siglo XIII) se realizó en un año y medio por un equipo de unos 20 carpinteros. De hecho, no podría ser de otra manera, puesto que era imprescindible cubrir la obra de fábrica cuanto antes para proceder al abovedamiento.

Muy probablemente los carpinteros ya se organizaban en cofradías de lo que a la postre sería el Compagnonnage (compañerismo), asociaciones gremiales cuyo principal cometido era la transmisión de los conocimientos constructivos de forma oral, pero que durante siglos despertaron recelos en las autoridades por su secretismo. Se organizaban por oficios, y dentro de éstos, por los grados de aprendiz, compañero y maestro. Su origen se pierde en la noche de los tiempos, mientras que su auge comenzó a partir del siglo XVIII, y su complicada relación con el poder se mantuvo incluso hasta el XX, perseguidos por los nazis debido a sus vínculos con la masonería. Algunas de estas cofradías establecieron normas como la de Compagnons du Devoir et du Tour de France, en la que el aprendizaje constaba de recorrer el país durante varios años para obtener conocimientos de diferentes maestros y regiones, con la obligación de vivir de su trabajo. 

Notre Dame fue concebida desde su origen con una aguja sobre el crucero, pero a finales del XVIII comenzó a desestabilizarse debido al viento, por lo que hubo de ser desmantelada, y tras décadas sin flèche, a mediados del XIX se comenzó su reconstrucción bajo el diseño de los arquitectos Jean-Baptiste Antoine Lassus y Eùgene Viollet le Duc. Fue reinaugurada por este último en 1859 tras el fallecimiento del primero dos años antes, en una polémica intervención debido a su particular concepto de restauración en estilo. Según algunas fuentes, su diseño se inspiró en el de la gigantesca aguja de la catedral de Orleans, 21 metros más alta que la de París. Como curiosidad, la flèche de Notre Dame fue realizada por los Compagnons du Devoir de Liberté como rezaba la placa ubicada en ella, a donde probablemente pertenecía el propio Viollet le Duc.

Las agujas, chapiteles y demás remates verticales de edificios históricos siempre adolecían de debilidad frente al viento, por lo que las dos estrategias fundamentales a la hora de acometerlos eran la triangulación de la estructura y el descenso del centro de gravedad mediante la multiplicación de elementos y el uso de grandes escuadrías. En ese sentido, Lassus y le Duc lo tuvieron claro, como demostraba su aguja de nada menos que 500 toneladas de madera. Si bien es cierto que la estructura de la flèche estaba bien planteada, como lo atestigua su pervivencia durante 160 años, a diferencia de la armadura original, las escuadrías y las luces entre elementos eran mucho mayores, lo cual también es lógico puesto que estaba sobre el crucero. Esto no comprometió la estabilidad de la catedral, sin embargo, el hecho de concentrar los esfuerzos de una armadura mucho más pesada en menos de puntos de apoyo tiene un mayor riesgo estructural. Los carpinteros medievales eran muy conscientes de había que distribuir las fuerzas de la manera más continua posible, y lo hacían mediante la multiplicación de elementos de la escuadría imprescindible. ¿Acaso actuaban así no sólo para optimizar la estructura, sino previendo las consecuencias de posibles desastres como el incendio? Ciertamente, la mayoría de las bóvedas que estaban bajo la armadura original han sobrevivido, lo cual da que pensar.

Como conclusión, creo que una pérdida tan simbólica y traumática, debe llevar a una seria reflexión acerca de la intervención en el Patrimonio tras circunstancias semejantes, puesto que la desmesurada falta de respeto que suponen algunas de las propuestas para restaurar Notre Dame, provocarían daños irreparables no ya en el edificio, sino en su propia identidad. No sólo se trata de volver a cubrir la catedral, sino de dejar constancia a las generaciones que nos sucedan, de que los carpinteros del siglo XIII fueron capaces de realizar una armadura excepcional para los medios de los que disponían, y que aún ocho siglos después sería difícil igualar en calidad y eficiencia. Aunque con medios actuales, restituirla a su último estado conocido (y además muy bien conocido) es lo mínimo que podría hacerse por ella, y no por capricho, sino porque la propia Carta de Venecia así lo establece para casos como este.

 

1: La proporción 2/3 se acerca a las representaciones de Notre Dame con escaso margen de error. No obstante, en el libro “Techniques de l´architecture ancienne” omiten ese dato, y en la web oficial de la catedral dicen que la inclinación es de 55º. 

Para más información:

Le relevé des charpentes médiévales de la cathédrale Notre-Dame de Paris: approches pour une nouvelle lecture. Rémi Fromont y Cédric Trentesaux. Monumental, 2016.

Charpente de Notre-Dame : stop aux idées reçues!. Frédéric Épaud. CNRS Le Journal, 2019.

Note sur l’étude dendrochronologique de la charpente de Notre-Dame de Paris. HAL archives ouvertes, 2019.

De la charpente romane à la charpente gothique en Normandie: évolution des techniques et des structures de charpenterie aux XIIe-XIIIe siècles. Frédéric Épaud. Archéologie médiévale, 2008.

Techniques de l´architecture ancienne. Yves-Marie Froidevaux, 1987.

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