Hoy me gustaría hablar de un pequeñísimo edificio que es especial para mí, y que a juzgar por su estado, no creo que lo sea para mucha más gente. De todas formas, desde que lo encontré he dedicado bastante tiempo a intentar salvarlo. He llamado a obispados, institutos de patrimonio, confederaciones hidrográficas y fundaciones, y aunque hay quien sabe de su existencia, me temo que sus días están contados. Aún así, empecemos por lo positivo: El motivo de que me topase con él es que se encuentra en La Alcarria, comarca que conozco bien y de donde es originaria la mitad de mi familia, y si me llamó la atención fue porque en él se combinan tres aspectos que me fascinan: lo rural, lo patrimonial, y cómo no, una coqueta armadura de cubierta.
El caso es que ésta pequeña ermita es casi lo único que queda de lo que hace años fue el pueblo de El Atance, hoy en día desaparecido e inundados sus restos por un infame pantano que le robó su existencia y su nombre. Paradójicamente, la certeza de que el pueblo estaba condenado a desaparecer lo mantuvo detenido en el tiempo, y pasear por él significaba retroceder varios siglos en un instante. Si a eso le añadimos que al final sólo quedaban dos heroicos vecinos viviendo allí, y que todos y cada uno de sus edificios estaban abandonados, la visita se convertía en algo inolvidable.
Quedan pocos testimonios gráficos de cómo se encontraba antes de desaparecer, pero uno de los mejores está en el estupendo blog lospueblosdeshabitados.blogspot.com.es, cuya cortesía me ha permitido colgar algunas imágenes, junto a otras del álbum Picasa de Alfake74. Cabe señalar que todo el pueblo fué arrasado en dos oleadas, primero por «cazatesoros» si es que se les puede llamar así, que se dedicaban a llevarse todo aquello que pudiera tener algún valor, y finalmente por bulldozers, que no dejaron piedra sobre piedra. Se salvaron únicamente la iglesia y una fuente, que fueron trasladadas a otros lugares, y la ermita, que en compañía de algunos corrales y palomares, sobrevivieron milagrosamente al exterminio.
Mi encuentro con la ermita de la Virgen de la Soledad fue fortuíto, puesto que no sabía de su existencia y menos aún de que tuviera una pequeña armadura vista. Pero una tarde de septiembre de 2011 la encontré, y desde entonces a veces pienso en aquel minúsculo edificio, y me pregunto si aún seguirá en pie. Y es que al margen de lo acontecido con el pueblo, y de que el pantano haya engullido a la ermita ya en alguna ocasión (se ve claramente la decoloración en las piedras inundadas), el pequeño edificio arrastra un grave problema estructural: El parteluz de arenisca de la entrada es el culpable de que el templo se halle al borde del colapso.
En efecto, a la altura de los ojos, la piedra ha sufrido un deterioro tal, que la imposta central del doble arco queda en el aire de manera escandalosa, provocando que todos los sillares apoyados sobre la misma amenacen con venirse abajo en cualquier momento. Por si fuera poco, uno de los dinteles apenas apoya ya sobre la dichosa imposta, y mantiene su situación de manera casi mágica. Sin embargo ahí sigue la ermita, con varios siglos a sus espaldas, desplomes, pudriciones, grietas e inundaciones. El auténtico pasmo es que posee una pequeña armadura de cubierta de limas mohamares, que de momento sigue en su sitio e incluso conserva un curioso almizate policromado. Si tenemos en cuenta que el tejado tiene agujeros por doquier y que el agua entra a cubos, tiene un mérito considerable.
El interior de la ermita es un espacio cuadrado de 17 pies de lado, con una sencilla hornacina en el muro de cabecera. La armadura es uno de los ejemplares más pequeños que me he encontrado, y de ahí su mayor gracia, puesto que a pesar de su menudencia, posee los detalles de una techumbre austera, pero pensada para ser vista: Pares agramilados, cuadrales, canes, aliceres, cintas, y un enigmático almizate plano, decorado con ocho rosáceas pequeñas y una múltiple en el centro. Ignoro si tras la policromía se esconden nudillos a la usanza tradicional o una tablazón plana, ya que aunque por lógica un almizate elaborado se deja a la vista, pudiera tratarse de una intervención posterior para tapar algún desperfecto.
Pero el trabajo de carpintería seguramente no se quedó aquí. Por el modelo de ermita ante el que estamos, y por varios mechinales existentes en la fachada, podemos afirmar que probablemente en la misma existió un pórtico a tres aguas, hecho de madera en su mayor parte. Y no es una hipótesis gratuita puesto que es habitual encontrar pórticos de éste tipo en ermitas. Además, a menos de 10 km. de aquí, en Palazuelos, ya podemos ver una ermita muy semejante a la nuestra, pero de mayor tamaño, con un pórtico delantero que nos encajaría a la perfección en los mechinales de El Atance. También salta a la vista que el que existe en la actualidad está hecho de material de «reciclaje», posiblemente ya en una fase decadente del pueblo.
Finalmente, tras mi primera visita, y ante la probable ruina del edificio, decidí documentarlo por cuenta propia. Respecto a instituciones oficiales, las últimas noticias que tengo de la Junta de Castilla-La Mancha es que han declarado el entorno de la ermita como zona arqueológica, y que se lo harán saber a la Confederación Hidrográfica del Tajo (propietaria del embalse y de la ermita) para que tome las medidas oportunas. Entretanto, esperemos que el embalse no vuelva a engullirla, y que el parteluz logre resistir.







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