Sep 14, 2012
Albanecar

De padre carpintero, hijo zoquete

Hola a todos. En este primer post, quisiera contar muchísimas cosas, pero tengo a la brevedad por una gran virtud y sólo voy a hacer una pequeña presentación, porque la descripción del blog y de mí mismo ya está en Qué es Albanecar.

Simplemente reincido en que este blog hablará sobre la Carpintería de lo Blanco, una desaparecida profesión cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Mi intención es escribir también sobre temas relacionados, y que la mayor parte de la gente pueda comprender lo que se dice, porque admito que cuando en un mismo texto salgan palabras como azafate, cuartillejo o pinjante, es fácil que haya lectores que huyan despavoridos. Por eso pretendo elaborar un Diccionario que explique los términos más exóticos, de los que nuestra carpintería está muy bien surtida. No será fácil, puesto que no puedo copiar ninguno de los que ya existen, así que pido disculpas de antemano si algún palabro indescifrable carece de su explicación. Y por cierto, también las pido si tienes problemas para ver el blog… es el primero que hago y me veo obligado a modificarlo constantemente. Tengo mucho que aprender.

Y dicho todo esto, ¿por qué he titulado así esta entrada inaugural? Pues porque hasta el siglo XVII, en España la carpintería se desarrolló de manera tan fabulosa, que algunas armaduras de las de entonces encontrarían serios problemas para ser reproducidas en la actualidad, puesto que toda aquella sabiduría se perdió.

Se me ocurre, por ejemplo, que la media naranja que cubre el Salón de embajadores del Alcázar de Sevilla, construido hace casi 6 siglos, si la quisiéramos ejecutar hoy, en muchos casos no quedaría otro remedio que recurrir al control numérico, porque no existe prácticamente nadie que sepa hacerla manualmente debido a su aparente complejidad geométrica. No en vano, había que ser geométrico -el escalafón más alto de la profesión- para llevarlo a cabo, siendo lo más difícil que un carpintero podía llegar a hacer. Sin embargo, sí existe quien ha descifrado la cabalística forma de esta cúpula, y lo podemos ver en un estupendo artículo de Ángel Luis Candelas, o por supuesto, en la biblografía de Enrique Nuere, máximo experto en la materia. También podemos ver la cuidadosa restauración de la que fué objeto en 1998. (1 y 2)

Haciendo un ligero resumen, la cúpula, hecha por el Maestro D. Diego Ruiz en 1427, tuvo una ejecución más llevadera de lo que pueda pensarse a primera vista, puesto que al igual que toda la lacería -y la carpintería en general- se aplicaban una serie de recetas que permitían su prefabricación. En este caso, se trataba de subdividir la cúpula en 12 husos más un casquete esférico en la parte superior. A su vez, cada huso estaba formado por 3 paños que se fabricaron en el suelo de manera independiente, con lo que la media naranja completa se compone de 37 fragmentos que una vez terminados se izaron por medio de poleas. El trazado geométrico de la cúpula se denomina lazo de diez lefe -otro día hablaré de él- y el verdadero rompecabezas surgía al tener que adaptarlo a una superficie esférica, puesto que el original es plano.

Sin llegar tan lejos, a cualquier buen carpintero de aquellas fechas le bastaba con saber las medidas del espacio a cubrir para poder fabricar una armadura -ya fuese con lazo o sin él- usando unos pocos cartabones. Pero algo parecido sucedía con los canteros y sus plantillas, y con tantas otras profesiones como caleros, estucadores… Tristemente, todos los oficios se acabaron perdiendo debido a que con el tiempo, los materiales y procesos industriales se apoderaron de la arquitectura, dejando una barrera temporal infranqueable entre lo tradicional y lo moderno, y hoy, cuando vemos un edificio antiguo y experimentamos la impronta que dejaron sus artífices, sentimos nostalgia de aquel saber hacer.

En nuestros días, contamos con una construcción totalmente estandarizada e irrespetuosa con aquella experiencia acumulada durante generaciones. No me refiero para nada al aspecto artístico contemporáneo, sino al descuido con los materiales y su ejecución. En lo tocante a carpintería, la cosa no es mejor, puesto que el desprecio por la madera como material constructivo fue la tónica general, y su uso quedó restringido a lo decorativo. A día de hoy, ver un falso artesonado de poliuretano como el de la imagen, es mucho más habitual que ver un auténtico alfarje.

Pero seamos optimistas, porque no todo está perdido. Las técnicas artesanales y sus oficios relacionados suscitan de nuevo un gran interés, entre ellos la madera, que vuelve a la carga incluso como estructura. El ejemplo más claro de esta corriente es el Centro de los Oficios de León, principal referencia a nivel nacional, o iniciativas como Redeoficios y Oficioyarte. Por otra parte, tenemos la noticia de que la Carpintería de lo Blanco podría ser considerada de nuevo como una cualificación profesional por parte del Ministerio de Educación, así que si hay suerte, el zoquete puede llegar a convertirse de nuevo en carpintero.

 

 

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7 comentarios

  • Me encanta tu blog, Javier.
    Me gusta mucho ese aroma artesanal que destila, desde el fondo de la web, hasta la fuente de la letra.
    Espero aprender muchas cosas leyéndote. Bienvenido al mundo virtual, compañero!

    • Es todo un honor recibir un comentario así. Muchas gracias, Germán!

  • ¡Enhorabuena!. Me ha parecido magnífico.
    No lo abandones y así podremos aprender de todo los que nos vayas contando.
    ´¡Ánimo! y un saludo.

  • Estupendo, que bueno
    me parece genial tu blog
    Me encantan los artesonados,
    sin duda de gran valor para este humilde carpintero y ebanista.
    No existe demasiada bibliografia al respecto, salvo lo de Enrique Nuere y Juan Jimenez Arenas.
    Animo Javier con tu tesis vas a enriquecer esta asignatura de la construcción.

    Un Abrazo

    • Hola Ángel.
      Muchas gracias por tu comentario, y me alegro de que el blog te resulte interesante. Ojalá sea como dices y mi tesis ayude a dar a conocer aún más el mundo de la carpintería de armar española.
      Un abrazo.

  • Nos encanta tu blog en el Centro de los Oficios. Todo nuestro ánimo para que continúes con tu labor de investigación y divulgación de nuestra carpintería de armar. Es fascinante. Saludos!

    • Muchísimas gracias, Agustín. Todo un honor para mí recibir un comentario así desde el Centro de los Oficios. Un saludo!

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