Feb 7, 2016
Albanecar

Los cartabones de armadura

Antaño, cuando los carpinteros de lo blanco se disponían a construir una armadura de cubierta, usaban una metodología de trabajo que estaba enfocada desde el principio a ser esencialmente resolutiva en cuanto al diseño y fabricación de las diferentes piezas de la misma. Su finalidad era poder construir una armadura conociendo tan solo las medidas de la estancia a cubrir, y partiendo de una pendiente de cubierta.

Cart_interior

La auténtica piedra angular -y nunca mejor dicho- del asunto eran los tres cartabones de armadura que servían para dar los cortes necesarios a las diferentes piezas de la techumbre en cuestión: el de armadura, el albanécar y el coz de limas. (Hago notar que existe redundancia en la denominación, puesto que al hablar de los tres cartabones se les llama cartabones de armadura, y a la vez, uno de esos tres se denomina nuevamente de armadura, lo que puede inducir a error). Una vez decidido cualesquiera de ellos, quedaban definidos los otros dos de manera unívoca, puesto que los tres juntos forman un tetraedro del que basta conocer la inclinación de cualquiera de sus hipotenusas (viendo los dibujos del final lo entenderás).

Armadura

Por lo general, el que se definía en primer lugar era el cartabón de armadura, puesto que establecía la pendiente de la cubierta. Ello llevaba a la obtención automática del albanécar, que daba el ángulo comprendido entre la lima y el estribo y servía para prefabricar los faldones, especialmente las zonas en las que se encuentran las péndolas y las limas.

Albanécar

Finalmente del coz de limas determinaba el ángulo comprendido entre la lima y su proyección horizontal, y servía para dar los cortes necesarios a las limas en sus encuentros con otras piezas como podían ser la hilera y los estribos.

Coz de limas

Hoy en día, acostumbrados a una medición angular en grados hexadecimales, se nos antoja extraño el sistema que tenían los carpinteros de lo blanco para definir ángulos. Entonces, lo que se hacía era obtener el ángulo deseado mediante un método geométrico y designarlo con un nombre propio. En nuestro caso, el objetivo de dimensionar correctamente los ángulos era la fabricación de los tres cartabones de armadura, lo que se conseguía usando una semicircunferencia denominada cambija como elemento de partida.

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Cualquier cartabón diseñado a partir de una cambija tenía dos de sus vértices situados en los extremos de ésta, y el tercero en un punto a determinar sobre la semicircunferencia. De esta forma, de los tres ángulos que tiene el cartabón, el menor de 45 grados se denomina cola, y el mayor -es decir su complementario-, ubicado en el otro extremo de la cambija, cabeza. En tercer ángulo, ubicado sobre la semicircunferencia, siempre se corresponde con un ángulo recto, que en tiempos era llamado cabeza de cuadrado. También se denomina cola al cateto adyacente al ángulo de cola, así como cabeza al cateto adyacente al ángulo de cabeza.
Así pues, solo es necesario precisar la posición de un vértice sobre la cambija para crear el cartabón deseado, porque la ubicación de los otros dos es fija. Y es aquí donde había que ingeniárselas para tener precisión a la hora de trazar los ángulos, ideando un método con el menor número de pasos posible y en el que se intentara usar exclusivamente el compás.

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Un método de traza determinado daba lugar a un cartabón al que se le ponía un nombre, al margen del que ya tuviera por ser de armadura, albanécar o coz de limas. Ese nombre era equivalente al número de veces que la cola del cartabón cabía en una cambija. Es decir, que si el ángulo que determinaba la cola del cartabón cabía cinco veces en un semicírculo, el cartabón era el de cinco. Para hallar su medida en grados solo es necesario dividir los 180 de la cambija entre las veces que cabe. Si es el de cinco, arroja un resultado de 36 grados.

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He puesto el ejemplo del cartabón de cinco a propósito, puesto que su cola (36 grados), era el ángulo más conveniente para dar pendientes a las cubiertas de teja, de manera que su cartabón de armadura era el de cinco, y el ángulo que define la pendiente era la cola de cinco. Si por cualquier motivo tuviésemos que referirnos al otro ángulo del cartabón, hablaríamos de la cabeza de cinco.

Quiero remarcar que el cartabón de cinco presentaba un peculiar problema en su trazado, porque el método que se usaba para ello provocaba un error por exceso de 2 décimas de grado. Esto solo podía corregirse al cepillar los cantos del cartabón, comprobando que al trasladarlo 5 veces, describía exactamente una cambija.

Tetraedro_01

Una vez definido el cartabón de armadura, solo resta trazar el albanécar y el coz de limas, cosa que se consigue con simples abatimientos sobre el plano, y que en el caso de armaduras rectangulares es muy sencillo. En las dos últimas ilustraciones de esta entrada, muestro un esquema tridimensional del tetraedro ABCD que forman los cartabones, y cómo se abaten éstos sobre el plano horizontal, de manera que el punto D, en cada cartabón pasa a ser D´,D´´ y D´´´al ser abatido respecto al correspondiente cateto.

Tetraedro_03

Finalmente, ya con los tres cartabones perfectamente trazados, ¿estaríamos en condiciones de poder dar todos los cortes necesarios a las maderas? No, porque todavía falta hablar de un aspecto fundamental. Hemos descrito los cartabones en función de su cola, es decir, de una medida angular, pero nunca hemos hablado de las longitudes de sus lados. Había un método que servía para dimensionar la armadura en función de la anchura de la estancia a cubrir, y eso se hacía dando al cartabón de armadura un tamaño a escala. Pero eso lo haré en otro post, que la teoría hay que administrarla en pequeñas dosis.

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