Sep 13, 2017
Albanecar

El método “Arenas”

Una característica faceta de la Carpintería de lo Blanco era el secretismo con el que se transmitían los conocimientos gremiales, en consonancia con las demás profesiones de la construcción. El maestro enseñaba el oficio verbalmente a su aprendiz, de manera que seguir un rastro documental del trabajo de aquellos artesanos es casi imposible, aunque por fortuna hubo autores que dejaron por escrito una parte sustancial de sus conocimientos. En el caso de la carpintería de armar española el texto que más predicamento ha tenido hasta nuestros días es el tratado de Diego López de Arenas, carpintero sevillano del siglo XVII.

En él, nos describe con pocas y a veces incomprensibles palabras, una receta para elaborar una cubierta de par y nudillo a dos aguas mediante el uso del cartabón de armadura. Por lo escueto de las explicaciones que utiliza, se sobreentiende que el procedimiento era conocido por la mayoría de sus colegas contemporáneos. Quede claro que este método no lo inventó Arenas, y si lo he denominado así es porque su tratado barrió la mayor parte de los aspectos que se necesitaban para ejecutar una armadura. Las diferentes fases del proceso se fueron decantando gracias a los saberes que se trasmitían entre generaciones de carpinteros, que innovaban únicamente mediante prueba y error.

Pasemos pues al tema que da sentido al artículo: el diseño de una techumbre de par y nudillo a dos aguas usando como base los textos de Arenas, siguiendo una lógica constructiva deducida y complementada por el que suscribe, ya que Arenas no siguió un orden establecido en sus obras.

La base de la que partía el carpintero para comenzar a elaborar la cubierta era la que ves en la siguiente imagen: un edificio -en este caso una iglesia- cuya obra de fábrica estaba terminada y de la cual solo necesitaba conocer la anchura a cubrir. Nos centraremos en la nave central por ser la que albergará la armadura a dos aguas. Las laterales serían armaduras de colgadizo, de diseño y construcción muy elementales como para describirlas.

FASE I: PENDIENTE DE CUBIERTA

Sabiendo cuál es la luz que ha de salvar la techumbre en cuestión, el primer objetivo es realizar un cartabón con los ángulos y longitudes necesarios para servir de módulo elemental en el trazado de la armadura, lo que se conseguía, en primer lugar, estableciendo una pendiente de cubierta.

Lo más usual para dicha pendiente era usar el denominado cartabón de cinco -36 grados de inclinación-, aunque también abundaba el de seis -30 grados- y en mucha menor medida el de 4 -45 grados-. En cualquier caso, las pendientes que se han usado tradicionalmente siempre han sido superiores a las de la época actual, en la que consideramos que una pendiente de más de 25º ya es mucho.

Puede que lo que más haya influido en ese cambio de percepción haya sido el sistema de fijación de las tejas, puesto que antes se hacía con torta de barro –es decir, que todas las tejas estaban fijadas con una adherencia moderada- y hoy en día se hace con mortero cada x filas -algunas tejas tienen un nivel de fijación muy alto y el resto nulo, sólo por rozamiento con las demás. Añádase a esto, que hoy en día ya no se hacen aleros con un remate de menor pendiente, llamado “ensillado”, “silla” o “lozana”, que a la vez que permitían esa mayor pendiente, mitigaban el riesgo de deslizamiento.

Volviendo al cartabón de cinco, su antiguo método de trazado era muy sencillo, en el cual se utilizaba exclusivamente el compás –recordemos que antes no existía el transportador de ángulos como instrumento de dibujo- y en el cual se producía un ligero desajuste respecto a los 36 grados exactos, pero que a no ser que el cartabón su fuese a utilizar para lacería, no tenía importancia alguna. (Ver artículo dedicado a los cartabones de armadura)

FASE II: DIMENSIONADO DEL CARTABÓN DE ARMADURA Y MODULACIÓN

Dado que los cartabones siempre eran triángulos rectángulos –se trazaban mediante cambija- al establecer uno de los ángulos diferentes al recto, ya quedaba definido el restante, que era el complementario, por lo cual, una vez conocida la pendiente de cubierta, lo único que quedaba por hacer era dimensionar el cartabón. Esto se hacía dividiendo la anchura de la estancia a cubrir en un número par de partes, de manera que el resultado de esa división formaba el cateto largo del cartabón, deviniendo éste en un modelo a escala de media armadura.

La inmensa mayoría de las veces ese número era doce, y Arenas comentaba que era tan usual que se olvidaba que podía usarse un número mayor o menor. Sin embargo, había que tener en cuenta varios factores a la hora de usar un divisor: por una parte si se pretendía hacer una cubierta con el nudillo al tercio de la altura, ese divisor tenía que ser múltiplo de 2 –uno por cada faldón– y de 3 –para que pudiera dividirse en tercios-., y por otro, el tamaño resultante del cartabón no podía ser demasiado grande para su fácil manejo, ni demasiado pequeño, pues cualquier error en su ejecución se multiplicaba tantas veces como el propio divisor. De ahí que el doce soliera cumplir todas las condiciones con solvencia.

En la anterior imagen se aprecia cómo la longitud del par es 6 veces la hipotenusa del cartabón -puesto que la anchura de la nave fue dividida en 12 partes-, a lo que hay que restar el grueso de media hilera -que equivaldría a la proyección horizontal del segmento 6-6′-. En cuanto al nudillo -en la imagen siguiente-, igualmente se medía en su cara inferior, y entre ambos extremos discurrían 4 catetos largos (colas) de cartabón. No obstante, antes de proceder a cortar pares y nudillos necesitamos saber su escuadría, lo que se trata a continuación.

FASE III: ESCUADRÍA DEL PAR

Una de las partes más desconocidas del tratado de Arenas es la referida a las escuadrías de los pares, debido seguramente a la parquedad y escasa claridad con que trata el tema, tanto en su tratado como en el primer manuscrito del mismo. En definitiva, en función de la luz de la estancia medida en pies, asigna un determinado grueso de madera en forma de fracción de vara. Posteriormente, al aclarar que el alto de las piezas es igual al grueso multiplicado por la raíz de dos –que él llama cola de cuadrado- queda definida así la escuadría por completo.

En el manuscrito describe tres conjuntos de luces: de 10 a 14 pies, menos de 20 y de 25 a 30, a los que atribuye respectivamente un grueso de 1/10, 1/9 y 1/8 de vara -siendo esta última escuadría el famoso cuartón-. Sin embargo, cuando publica el tratado definitivo, los conjuntos pasan a ser de 12 a 16 pies, de 16 a 20 y hasta 30, con unos gruesos de 1/14 hasta 1/12, 1/10 y 1/8, con lo que las escuadrías son sensiblemente inferiores en este caso. Personalmente creo que son más confiables los valores que dio en el manuscrito.

Una vez establecida la escuadría, habría que determinar la separación entre pares. Este tema Arenas generalmente lo obvia dando por hecho que lo normal es utilizar la calle y cuerda -separación igual a dos gruesos-. No obstante en armaduras a dos aguas hay mucha flexibilidad para que el carpintero decida la separación, y son muy habituales calles de 3 y hasta de 4 cuerdas o gruesos de madera.

FASE IV: ESCUADRÍA DEL NUDILLO

Forzosamente los nudillos poseían el mismo grueso que los pares, dado que tenían que ensamblarse a ellos. Sin embargo el alto se obtenía usando el cartabón de armadura sobre la tabla del par, obteniendo la proyección vertical de un corte perpendicular a la dirección del par, tal que así: Trazando una perpendicular al par desde un punto concreto (B), se obtiene el correspondiente en la cara opuesta (C), y girando una cola respecto de BC, y una cabeza respecto de CB, se obtiene la intersección I. El tramo BI es el alto del nudillo.

Esta regla a veces no era seguida, y en su lugar se establecía un ángulo de corte igual a la bisectriz entre ambas piezas, quedando así del mismo alto las dos, pero debilitando el par en exceso al tener una amplia garganta, motivo por el cual se usaba más la primera regla.

FASE V: ENSAMBLES

Una vez que se disponía de maderos de la escuadría elegida, se trazaban los ensambles mediante el uso del cartabón, y era precisamente en esta fase en la que resultaba más práctica su utilización, debido a que todos los cortes podían marcarse prácticamente sin ayuda adicional de ningún otro instrumento de medición. Básicamente, los ensambles que había que ejecutar en el par eran la barbilla -apoyo sobre el estribo-, la garganta -ensamble con el nudillo- y el copete -unión con la hilera-, mientras que en el nudillo había que realizar quijeras en ambos extremos de la pieza.

La cara inferior del par es en la que se marcan los tres puntos de control principales (ver imagen anterior: puntos O, B y E) que a la postre servirán para realizar cada uno de los ensambles, de manera que entre ellos hay una distancia igual a varias veces la hipotenusa del cartabón. De la barbilla a la garganta (OB) son 4 veces, y de la garganta al copete (BE) son 2 menos medio grosor de la hilera -esto ya lo vimos en la modulación del par-. Tanto la barbilla como el copete se realizaban mediante cortes simples que seccionaban la madera por completo. En la barbilla, el punto A está a 1/3 de la altura se un trazo que parte de O según una cabeza respecto a la cara inferior del par. Cola respecto a la cara posterior pasando por A y se obtiene la patilla.

Los rebajes en la garganta del par y las quijeras del nudillo, tenían 1/5 del grueso de los maderos y sus cortes correspondientes se realizan así:

Partiendo de B, perpendicular al par y obtención de C. Cola respecto a BC, y cabeza respecto a CB, onteniendo I. Pronlongación de BI equivalente al grueso de la tabla que se quiera colocar en el almizate, obteniendo G. Paralela a CI pasando por G, obteniendo D y H. Longitud equivalente a 1/5 del grueso del par sobre BC, obteniendo K. La garganta seguirá el trazado KH. En el nudillo, perpendicular partiendo de B’ y obtención de I’. Cola respecto a B’I’ y obtención de C’. Longitud equivalente a 1/5 del grueso del par sobre B’C’, obteniendo K’. Calcar la pendiente KH para obtener el negativo de la garganta en el nudillo.

FASE VI: ESTRIBOS, TIRANTES Y CAJEADOS

Arenas da exclusivamente las dimensiones que ha de tener el cajeado de los estribos en la unión con los tirantes, pero en ningún momento menciona la escuadría que habría de tener cualquiera de ambos elementos -sobreentendía que cualquier carpintero lo sabía-. El estribo, al estar sometido a un empuje oblicuo mayormente horizontal, ha de tener sus proporciones son inversas respecto a una viga normal, y una escuadría mínima tal que permita el apoyo de toda la patilla con holgura. A su vez, los tirantes también deben tener una sección generosa para reducir, más que nada, su deformación a largo plazo por flecha adquirida. En el caso de la nave central de una iglesia, cuya luz suele rondar los 25 o 30 pies, es frecuente que el alto del estribo ronde el medio pie, mientras que el del tirante se acerque más al pie.

Si te ha gustado... ¡compártelo!
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrEmail this to someone

Deja un comentario